En este momento estás viendo Creía que estaba “bien”, hasta que me hice el chequeo
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MEDICINA GENERAL

No tenía un dolor que me obligara a salir corriendo. No había urgencia. Había cansancio, días largos y esa sensación de “estoy bien” que una repite para seguir funcionando. Trabajo, casa, pendientes. Nada dramático. Solo esa fatiga que se vuelve normal cuando llevas mucho tiempo postergándote.

El empujón vino por algo simple: vi un recordatorio sobre el chequeo anual y pensé que, si iba a hacerme cargo de mi salud, mejor que fuera sin apuro y sin miedo. Pedí una hora en Medicina General y llegué con una lista corta de cosas que nunca decía en voz alta: sueño irregular, agotamiento, un par de dudas y el deseo de entender, de verdad, cómo estaba.

Lo más valioso no fue “ir al médico”. Fue conversar con calma. En la consulta sentí que podía ordenar preguntas que habían quedado guardadas por meses. No se trató de buscar problemas donde no los hay, sino de revisar con criterio. Salí con un plan claro, sin alarmas innecesarias, y con la sensación de que por fin estaba haciendo algo concreto por mí.

En Medicina General, el chequeo preventivo no es un trámite. Es una instancia para mirar el panorama completo: antecedentes, hábitos, síntomas que a veces pasan inadvertidos y, sobre todo, decisiones informadas. El médico ayuda a definir qué exámenes corresponden según cada caso y qué se hace con esos resultados después. Porque lo importante no es solo tomarse exámenes, sino entenderlos, revisarlos y, si es necesario, hacer seguimiento.

Yo me fui con una indicación precisa: exámenes de sangre, revisión de resultados y próximos pasos según lo que mostraran. Sin dramatizar. Sin quedarme sola con una hoja de laboratorio que no entiendo. Con una ruta.

Cuando volví a casa, me di cuenta de algo que parece obvio, pero no lo es: la prevención se siente como tranquilidad. No es “buscar enfermedades”, es dejar de vivir a ciegas. Es saber. Y en mi caso, fue una forma de recuperar control.

Si llevas tiempo pensando “después lo hago”, este es un buen momento para partir. Un chequeo preventivo anual puede darte claridad, ayudarte a anticiparte y convertir la salud en un hábito, no en una urgencia.

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