En este momento estás viendo Postergué el PAP por años: la conversación que me hizo cambiar de idea
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Durante mucho tiempo tuve una lista mental de cosas importantes, y el PAP estaba ahí, siempre en algún lugar. No era que no me importara. Era que lo iba dejando para después. “Cuando tenga tiempo”, “cuando esté más tranquila”, “cuando termine este mes”. La verdad es que había algo más: me incomodaba. Me daba vergüenza. Y, sobre todo, no sabía bien qué esperar.

Nunca es una sola razón. Se mezclan el cansancio, el pudor, la falta de información y esa idea engañosa de que, si no duele, entonces no urge. Así pasan los años. Y cada vez que aparecía el tema en una conversación, yo asentía y cambiaba de tema como si nada.

Hasta que una amiga me contó que había ido a su control y me dijo: “Hazlo por ti. No esperes a sentir algo”. No me habló desde el miedo. Me habló desde el cuidado. Ese día, por primera vez, pensé en el PAP como lo que es: un examen preventivo. Una forma de estar al día conmigo misma, no un castigo ni una situación incómoda que hay que sufrir.

Pedí hora y llegué nerviosa, con esa ansiedad silenciosa que no se nota, pero pesa. Lo que más me ayudó fue que me explicaran todo con calma. Sentí que podía hacer preguntas sin sentirme tonta. Que podía decir “me da vergüenza” sin que eso fuera raro. Cuando uno entiende el paso a paso, el cuerpo se relaja. Cuando te tratan con respeto y delicadeza, la experiencia cambia por completo.

El PAP es un examen preventivo que forma parte de los controles de salud femenina. No se trata de esperar síntomas, sino de mantener un seguimiento responsable según la indicación profesional. Lo importante no es solo hacerlo, sino saber que después hay una revisión de resultados y, si corresponde, un seguimiento. Esa continuidad es parte del cuidado.

Cuando salí, sentí alivio. Pero no por “haber terminado un trámite”. Sentí alivio porque me hice cargo. Porque dejé de cargar con el pensamiento constante de “tengo que hacerlo”. Fue más simple de lo que mi cabeza imaginaba. Y, sobre todo, fue un acto de respeto conmigo misma.

Si lo has postergado por miedo, vergüenza o falta de tiempo, no estás sola. A muchas nos pasa. Pero la prevención se construye con decisiones pequeñas y concretas. Pedir la hora puede ser la primera.

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